miércoles, 30 de septiembre de 2015

DIETA SIN TRIGO


Vamos a hacer una prueba…


Rico, ¿no? Posiblemente te haya despertado el llamado “gusanillo” y ahora mismo estás queriendo comer un croissant (aunque sea vegano), una magdalena (aunque sea con azúcar moreno) o un trozo de pan integral (aunque sea con masa madre….) Y lo más fuerte, es que, quizás, no tengas realmente hambre. Es tu cerebro quien ha entrado en alerta y te pide su pequeña (o gran) dosis diaria.

Pensaréis… y esta moda de eliminar el trigo de nuestra alimentación, ¿qué es y porqué se hace?

Primero os quiero contar el porqué yo lo hago, y cómo he logrado estar 12 meses sin probar bocado a ningún alimento con trigo.

Estuve el verano pasado con infección de orina e infección vaginal. Lo primero que hice fue informarme sobre el tema y descubrir que, si quería ayudar a mi cuerpo a eliminar bacterias, tenía que prescindir de muchos alimentos. Dejé de inmediato los lácteos, el trigo, las levaduras, fermentados… por lo que el pan y todos los productos con levadura quedaron excluidos.

Me curé rápidamente, pero yo me sentía tan bien sin comer nada de trigo que pensé…¿por qué no sigo así si mi cuerpo se encuentra mejor que nunca? 

Al principio eliminar el trigo de la dieta cuesta. Incluso te diría que cuesta más que los lácteos. El pan y la bollería (aunque sea casera) están tan arraigados en nuestras casas, en el día a día… que resulta casi imposible decir que no. Tú te mantienes firme en la decisión… y tu cerebro te dice: “¿y sólo un poquito? Si no te hará daño. Venga, solamente hoy, mañana ya no comes…” Frases así me venían continuamente a la cabeza. Y cuando un alimento engancha tanto… es porque algo hay en él que le gusta a tu cerebro.


Mejorías físicas que he notado al abandonar el trigo

-  Dolor de cabeza: al menos dos jaquecas al mes antes de dejar el trigo. Desde hace 12 meses solo he sufrido ligeros dolores de cabeza, muy puntuales y causados por tensión. Nada que ver con lo de antes.
He adelgazado 8 kilos. Sin esfuerzo. Sin pasar hambre. De hecho, como más que nunca.
Estreñimiento: siempre he sido un poquito estreñida (de nacimiento), tengo dolicolon (colon más largo de lo normal) y siempre he sufrido a la hora de evacuar, dejar más tiempo de lo debido las heces en mi interior, gases e hinchazón abdominal. Ahora evacuo al menos 2 veces al día. Y mis heces salen limpias, sin manchar.
Menstruación: he mejorado el síndrome premenstrual, no me duele la regla, sangro menos y he reducido 2’5 cm. un quiste en el endometrio que tengo controlado por ginecólogo.
Energía: tengo más energía, noto que me cuesta menos hacer la digestión y tengo ganas de comer cosas que antes no me apetecían, como más fruta, crudos y legumbres.


¿Qué se puede comer si no se come trigo?
Se pueden comer muchos cereales. Es como cuando decidiste ser vegetariano/a y la gente te preguntaba: ¿y qué comes si no comes carne? A mi me gusta contestar que la carne limita mucho, porque eliminándola pruebas nuevos alimentos y casi nunca comes igual. Pues con el trigo pasa lo mismo. Hay tantos cereales distintos que si comemos “nuestro pan de cada día”, nos limitamos solo a eso.


Tortitas de arroz, maíz, avena*, trigo sarraceno… Una de mis favoritas son las de arroz de El Granero Integral,  porque tienen una textura única, crujientes pero ligeras. Las tienes de castaña, de quinoa, de lino… Puedes repetir y repetir. *La avena es un cereal sin gluten pero que puede contenerlo por contaminación cruzada en lugar de cultivo.

Pasta sin gluten. La tienes de muchos precios, de venta en herbolarios (de quinoa, arroz, lentejas…) y también en grandes superficies a un precio asequible. Así que no hay excusas. Te recomiendo para probar la pasta sin gluten Gallo (maíz, quinoa y arroz), porque es más barata y si sois muchos en casa es mejor para el bolsillo, aunque siempre es mejor que esté elaborada con cereales sin refinar. La textura de la pasta es idéntica a la pasta de trigo. No cambia en absoluto. También puedes hacer espaguetis y lasañas crudas con calabacín, calabaza… y la Spirali de Conasi.



Bizcochos y magdalenas caseros sin gluten, hechos con harinas de maíz, arroz… en internet hay muchas webs para celíacos con multitud de recetas. Quedan muy buenos, sobretodo los de maíz porque le dan un toque más dulce. Te dejo con una receta de mi blog: magdalenas veganas y sin gluten para que veas que se pueden hacer cosas muy ricas.



Otros cereales en platos tradicionales: paella de quinoa, ensalada con mijopolenta(maíz), sopa con amaranto, cuscús de arroz y maíz… y además, todas las legumbres que quieras (que no son cereales: garbanzos, lentejas, soja, judías…)



¿Pero si no soy celíaca porqué castigarme así?
Aquí yo también me pregunté lo mismo. Por eso mismo, al principio me surgió la duda:¿dejo el trigo o dejo el gluten en su totalidad? ¡No es lo mismo! Aquellos lectores celíacos que estén leyendo esto pensarán que estoy loca si me limitara tanto sin tener su problema. ¡Lo que darían ellos por comerse un bocadillo! Por esta misma razón, porque no soy celíaca, incluyo puntualmente, cuando me apetece y cuando quiero darme un capricho cereales que, a pesar de no ser trigo, contienen gluten. Tú puedes hacer lo mismo. De hecho, como veremos a continuación, el cereal que se lleva la mala fama es el trigo. De vez en cuando consumo:

Pan de espelta, centeno, kamut… (vigilando que no lleve trigo también). Mi marca favorita es Rincón del Segura. Tienen harinas y panes de espelta, kamut, centeno… totalmente artesanales y bio a muy buen precio.

Bizcochos, tartas... hechas con espelta integral.

Pizza y pasteles salados con masa de espelta (como contiene gluten, la masa queda elástica). Una receta de pizza en mi blog aquí.





¿Es todo psicológico? 
Pues esta pregunta yo también me la planteé. Me encontraba tan bien que cada día estaba más ilusionada. Sin quererlo (no era mi objetivo) perdí barriga y peso, y encima, el “mono” por comer trigo se fue a las 2 semanas aproximadamente. Y como me gusta tanto experimentar… allá que me lancé. Las navidades serían un buen momento. Tocaba salir a cenar fuera de casa con toda la familia, y no habían casi opciones en el restaurante. Por lo que pedí una tosta de pan (con acompañamiento vegetal) y unas verduras en tempura (rebozadas en harina). Esa misma noche me costó conciliar el sueño, notaba, horas después de haber cenado, que mi barriga seguía llena. Al día siguiente me dolía la cabeza y no hice de vientre. Pero lo peor de todo no fue eso. Lo peor fue que mi cerebro ya había recibido su dosis, y ahora me pedía a gritos más. Recuerdo pasar por delante de panaderías y salivar. Estuve a punto de entrar en una a comprarme un croissant. En casa, donde mi familia tiene su pan de trigo, por primera vez en dos meses, no podía apartar la idea de saber que en la cocina había pan. Me llamaba a gritos. Mi cerebro volvía con frasecitas del tipo: “venga, si ya has pecado… un poquito más no pasa nada” Realmente esos días de recaída fueron peores que al principio. Ahora llevo 9 meses más sin probar trigo, y me encuentro tan bien, con tanta energía, con tan buen humor que no me lo creo.

Y mi última prueba: mi chico. Me ve tan bien que se ha querido sumar. Por lo que tampoco come nada de trigo desde hace 8 meses. Su objetivo es diferente: perder peso. Y vaya si lo está haciendo, porque en 8 meses ha adelgazado casi 13 kilos. Sin pasar hambre. Comiéndose unos platos de pasta sin gluten enormes, arroces, potajes…


Sin trigo, gracias

Este es el título de un libro superventas el cual, curiosamente, he comprado después de todo este periplo. Me está sirviendo para encontrar una explicación lógica a todo lo que he pasado y he sentido. En él, el doctor William Davis cuenta cómo el trigo es un alimento sumamente adictivo, porque nuestro cuerpo no lo asimila como alimento en sí al ser un cereal totalmente distinto al que comían nuestros antepasados (se ha modificado tanto de forma natural con el paso del tiempo como por manipulación humana). Lo llega a comparar con una verdadera droga. En el libro se explican mejorías en enfermedades que van desde la esquizofrenia hasta la diabetes y el cáncer.

Si te animas a controlar el trigo en tu dieta vas a notar muchas mejorías. Yo lo recomiendo a todo el mundo. Lo puedes hacer dentro del nivel de exigencia que tú mismo te propongas. No hay que vivir sufriendo. Puedes dejar el gluten al 100% (es lo que se recomienda en el libro y lo que yo me planteo en un futuro), comerlo fuera de casa para no limitarte socialmente, dejar sólo el trigo como hago yo… Hay que ser tolerantes con nuestro cuerpo, con lo que nos pide… ¡pero cuidado con el cerebro, que siempre nos quiere engañar!

2 comentarios:

  1. Me encanta esta entrada! Estoy totalmente de acuerdo contigo, pero lo cierto es q me cuesta muchísimo dejarlo, siento q soy "adicta". Aún así, quiero poner todas mis fuerzas, será como dejar un droga! :)

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    Respuestas
    1. Hola Marta! Prueba muy poquito a poco, sin agobios. Si quieres seguro que lo consigues, y más cuando veas que te sientes mucho mejor!!!

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